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viernes, 15 de enero de 2016

DIARIO EL PERUANO COMPARTE EL TESTIMONIO DE INGENIERA QUE LABORA EN AGUAYTÍA

El 06 de enero del presente año, el Diario Oficial el Peruano, en su sección "la historia para contar", da a conocer el testimonio de LENY DOLORES ARÉVALO PAYAHUA,  supervisora de campo de la Oficina de Devida en Aguaytía-Pucallpa.

Lee lo que el diario compartió en sus páginas:
“Tengo puesta la camiseta del Estado”
Con su labor aporta al cambio de un trabajo ilícito por uno libre y productivo.
Es supervisora de campo de la Oficina de Devida en Aguaytía- Pucallpa, cargo merecido, pues durante tres años laboró como extensionista al lado de los agricultores que optaron por cruzar la línea de legalidad y dejaron la coca por el sembrío de cacao. En ese tiempo visitó, en moto y sola, los caseríos más alejados de ese lugar. He aquí su historia.

Nació en Juanjuí y sus recuerdos más remotos se asocian a la presencia oscura del terrorismo. El MRTA y Sendero Luminoso afincaron sus deseos de conquista ideológica en esa zona verde a orillas del río Huallaga para dejar estragos en las vidas de muchas familias, menos en la de Leny Dolores Arévalo Payahua, quien aprendió a pasar las páginas de la vida triste para ignorar el rencor.
Con esa enseñanza, no doblegó sus ambiciones y se formó como ingeniera agrónoma en la Universidad Nacional Agraria de la Selva (UNAS). Educación que le sirvió para ser hoy supervisora de campo de la Oficina de Devida en Aguaytía-Pucallpa, función por medio de la cual verifica el trabajo que realizan los extensionistas. 
Trabajo sacrificado
Son 12 las personas que tiene a su cargo, y ellas cumplen la tarea de acompañar a los agricultores que dejan el cultivo ilegal de la coca y apuestan por la siembra del cacao. Ergo, la legalidad del progreso. Estar a su lado significa cruzar el camino agreste y lejano para llegar a los caseríos donde viven. “Verifico que el trabajo sea con total transparencia, que el seguimiento a los agricultores sea permanente para que confíen en nosotros y la intervención sea exitosa porque la labor es intensa, desde el mejoramiento de la tierra, técnicas de sembrío, creación de biohuerto para consumo familiar hasta acceso a programas sociales”, cuenta.
Antes de asumir ese rol, ella fue extensionista también, y sabe lo sacrificado y entregado del trabajo. Conoce que la dedicación es exclusiva, pues las familias que aprendieron una nueva forma de ser vivieron escondidas durante años, lejos de centros de salud, con niños y niñas que no asistían a la escuela ni tenían documento de identidad porque apoyaban la maceración de la hoja de coca.
“Son 1,143 familias de Huipoca y San Juan Bautista que creían que el cultivo ilegal era la única fuente de ingreso económico que tenían. La labor de extensionista es solitaria, uno cruza en moto largas trochas, con lluvia o sol, y con la incertidumbre de no saber si encontrarás en el trayecto a alguien que no desea el cambio y no sabes qué te hará”. Superación valienteLos años de terror quedaron atrás, y los malos momentos, las muertes, la inestabilidad familiar, el miedo felizmente no parcelaron la memoria de Leny, pero sí le dejaron la impronta de superación y alegría que inspiraron sus días de extensionista, y hoy motivan su nueva función. Hoy, afirma, siente satisfacción de comprobar que gracias al cacao centenares de productores tienen ingresos económicos que antes no tenían con la plantación de coca y de haberse ganado la confianza de personas que durante años vivieron asustadas y en conflicto.
“Promuevo el cambio de una vida ilícita por una libre, tengo puesta la camiseta del Estado y por eso doy más de lo que me piden. Apuesto por el desarrollo de lo que hacemos todos en la zona de Aguaytía”. Leny vale un Perú. 

Escribe: Susana Mendoza 
Fuente: Diario el Peruano

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