
El
pueblo votó por Gambini porque quiere el cambio, eso significa dar los signos
de cambio desde el arranque del gobierno. No debe cometer errores voluntarios,
tal y conforme cometió Jorge Velásquez Portocarrero al momento de dar cargos de
confianza en las Unidades Ejecutoras de
Padre Abad.
Sucede
que tanto en los cargos de la Ejecutora de Salud y Educación de la Provincia de
Padre Abad, se han designado en el gobierno anterior, so pretexto de cargo de
confianza, a las personas menos indicadas, sin la selección correspondiente.
Por
su puesto que es prerrogativa del
Presidente de designar a sus funcionarios, pero no nos van hacer creer que se
debe darle la confianza a cualquiera, por el simple hecho que ha sido un peón
político.
Lastimosamente
Portocarrero hizo eso, darles el cargo solo bajo su criterio sectario a sus
peones políticos o aduladores, con el fulminante dedazo. Los resultados no pudieron
ser de otra manera, negativos. No todos
los peones políticos están a la altura y probarlos en un lapso es justificar la
mediocridad, considerando que se vive el boom de la meritocracia.
Gambini
debe calificarles primero antes de dales la confianza, eso quiere decir que los
que van estar a la cabeza de la Ugel o de la Red de Salud de Padre Abad, deben
tener la formación técnica (grados y posgrados), la experiencia y la aprobación
de la mayoría de sus pares, mínimamente.
En
el caso de la Ugel ya se estableció los criterios de selección, partiendo desde
la observación de las escalas mínimas para ser director, jefe o especialista, incluso,
ya se tienen a los especialistas seleccionados en aplicación de las normas,
todos ellos con tercera escala.
Entonces,
si para ser especialista se les pidió como requisito obligatorio a los docentes
estar en la tercera escala, de ninguna manera, puede Gambini o quién haga sus
veces, confiarle el cargo de director de Ugel a alguien que se encuentra en
menor escala.
Hay
el rumor de que Gambini y sus camaradas estarían a punto de cometer esos mismos
pecados que Portocarrero. Por lo tanto,
la promesa del cambio sería un engaño, una vana ilusión. Si ocurre eso, intransigentemente,
levantaremos nuestras voces de rechazo al continuismo del viejo estilo Jorge
Velasquista.
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